Homilía del Santo Padre Benedicto
XVI
Domingo 1 de mayo de 2011, Plaza de San Pedro
Queridos
hermanos y hermanas.
Hace seis años nos
encontrábamos en esta Plaza para celebrar los funerales del Papa
Juan Pablo II. El dolor por su pérdida era profundo, pero más
grande todavía era el sentido de una inmensa gracia que envolvía
a Roma y al mundo entero, gracia que era fruto de toda la vida
de mi amado Predecesor y, especialmente, de su testimonio en el
sufrimiento. Ya en aquel día percibíamos el perfume de su
santidad, y el Pueblo de Dios manifestó de muchas maneras su
veneración hacia él. Por eso, he querido que, respetando
debidamente la normativa de la Iglesia, la causa de su
beatificación procediera con razonable rapidez. Y he aquí que el
día esperado ha llegado; ha llegado pronto, porque así lo ha
querido el Señor: Juan Pablo II es beato.
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homilía aquí